Muchas leyendas se habían tejido alrededor de Oshkaya, sin dudas, el más singular ejemplar hembra de guanaco jamás visto en las tierras de Onaisin, en cuyo pecho llevaba grabadas con rojo grandes hazañas. Aquellas que la retrataban disfrutando y exhibiendo toda su inteligencia, logrando arrastrar a grandes cazadores hacia escarpados roquerios, donde finalmente terminaban sus vidas. Es así como muchos guerreros expertos habían sucumbido ante tan magnífico ejemplar. Las huellas de aquellas batallas eran conservadas en cada historia relatada.
Se decía que era un poderoso espíritu femenino, custodio de hermosos parajes, donde cada individuo del bosque, inclusive el más pequeño, era protegido.
Un interes poderoso se albergaba con la idea de capturar a Oshkaya y era que a través de su magia otorgaría protección y bienestar a toda la comunidad.
Costelen, un joven Ona, había tomado la decisión de atrapar a aquel valioso animal, ya que con ello no solo aseguraba la buenaventura de los suyos, sino que también soñaba con ser reconocido entre sus pares como un gran guerrero.
Ante una roca saliente de la quebrada, miraba fijamente hacia el bosque y con el rostro y cuerpo pintados, como hacían los grandes cazadores, su única anteción era para su objetivo.
Como si de alguna manera leyese a través del viento los estados del bosque. Como si los milenarios árboles estuviesen a la espera y se impusieran ante el hombre, generando una poderosa energía. Su pecho dio un respiro al sentir la suave brisa que lo bañaba antes de sumergirse en el reto.
Comenzó a penetrar en el bosque conciente que debía estar muy alerta porque tendría solo una oportunidad. Preparó su arco y también sacó una flecha. Pasó sus dedos por la comisura de sus labios con el fin de humedecerlos y pasarlos por el extremo de la flecha donde se juntaban unas muy bien cuidadas plumas. Cada detalle había sido preparado con minuciocidad.
A medida que se internaba en el bosque percibía que el ambiente le oprimía. Le costaba trabajo mantener la concentración. El sudor en sus manos hacía que el arco se le resbalara. Sus músculos tensados comenzarían dentro de poco a agarrotarse. Todo producto de aquella presión de saber que estaba ante un ser fantástico.
Un pequeño ruido le indicó que debía esconderse entre unos arbustos. A esas alturas ya estaba al lado del lago Rumpe’ke el cual se decía era bebedero de los dioses.
Unos pequeños pasos en la hierba le anunciaron la llegada del portentoso espíritu del bosque. Su andar era medido y seguro. Se acercó a la orilla para beber. Su figura y gracia hicieron que Costelen por un rato desviara su atención. Algo como medio hipnótico. Estiró con gran fuerza la cuerda sintiendo que ésta se fundía en su piel. Acercó la mano empuñada a su rostro el que se contorsionó, denotando el esfuerzo ejercido que estaba a punto de estallar.
Por el rabillo del ojo percibió un movimiento que lo distrajo. Aquello estaba a unos doscientos metros al lado de Oshkaya. La figura femenina era una muchacha que jugaba rozando su pequeño pie en la orilla del lago. Era hermosa y estaba completamente desnuda. Su larga cabellera negra le llegaba hasta detrás de las rodillas. Costelen quedó pasmado, como emburjado ante la visión que se le presentaba. Pero internamente algo le hizo volver sobre su enemiga principal. Y volcó nuevamente toda su atención con un último esfuerzo lanzando la flecha en dirección al pecho de carmín. Al soltar la cuerda el azote fue tan fiero como si una gran ráfaga soplara a través de los árboles. El tiempo no fue más. Detenido y todo, en los ojos del animal se veía cuan sorprendido había quedado. Su vista se cruzaba con la de Costelen y entendió la trascendencia de la acción, mientras la punta acertaba en medio del pecho.
En el instante siguiente, la reacción del animal fue convulsionada y con desesperados movimientos. Esto provocó que cayera al agua. Sabía que eran los últimos respiros de vida y estos se agotaban.
Dispuesto a avanzar y dar el golpe final, el joven se levantó de su escondite cuando fue sorprendido por un ser de características increíbles. Trepado entre los árboles que rodeaban a Costelen, sus cuatro brazos eran de una fuerza brutal. Entre lo más traumante de aquella visión fue verle el rostro el cual mostraba unas fauces ta grandes como cualquiera de los mayores felinos acechantes. Sus dientes carnívoros no tendrían problema en desgarrar la carne. Su ferocidad era un hecho que haría retroceder al mejor guerrero.
Todo su cuerpo estaba cubierto por un pelaje azul/negro. Tan solo bastó un golpe para que el joven guerrero cayera unos metros más atrás. Tan fuerte fue que todo se volvió oscuro. La conciencia se apoedró de él.
Un suave pero intenso cantar lo despertó. No sabía donde estaba ni que había sucedido. Solo el dolor en su cuerpo maltrecho al intentar incorporarse, le recordó que había sido tumbado. Alejó por un instante de su cabeza apesadumbrados recuerdos porque lo que oía era único. El canto que inundaba el lugar le embotaba los sentidos. Más bien le provocaba angustia. Un sentimiento tan extraño como profundo. Se recobró para ver de donde provenía y vio una imagen que le heló por completo. A orillas del lago sentada yacía la mujer desnuda rodeando el cuerpo de su madre, Oshkaya y le hizo entender todo. El canto le llenaba la cabeza de imágenes y sentimientos. Era una despedida. Una melacólica despedida
Una suave brisa le llegó inundádole tranquilidad.
Era como si algo fuese sanado.
Tal vez solo fuese el mensaje de otro lugar.
Una bienvenida tal vez,
tal vez…
…solo el viento.
Mayo 10, 2007 a las 5:45 pm |
Oye. Es muy bueno ese relato. Lo habia leido en tu otro blog. Veo que aparte de botado que tienes el blog, lo estás reciclando con material que te dije reciclaras hace rato …haha.
saludos compa y un abrazo.